REGRESIONES Y DIGRESIONES DE UN MAMIFERO
MIRO para adelante y siempre hay números diluidos de tanto sol. Nombres que se transforman en lagartijas y se pierden entre mis cuadernos. También están las horas que me esperan en cada calle, en cada rincón de la casa, en cada centimetro de piel ajena.Y cuando veo para atrás, parece que también hay lagartijas y cuadernos, pieles que se diluyen, nombres sembrados en cada calle, en cada ventana. Entonces considero sinceramente que ver para atrás y para adelante, es un ejercicio de poca creatividad, la imaginación esta limitada a la experiencia previa para reconstruir el pasado y armar el futuro. En la construcción del futuro empleamos los recuerdos fragmentados, mutilados, seleccionados con un criterio execivamente positivista, dependiendo claro está del estado de ánimo del fabricante del futuro, porque en algunos casos el futuro se construye caótico y oscuro. Continuando, la re-construcción del pasado es menos truculento que la creación del futuro, ya que sus cimientos, sus partes y estructura en total, son las sombras de lo que alguna ves fue, es más maleable a pesar de que conserva ciertos limites de fidelidad. parece, que ya perdí el sentido de lo que deseaba proponer, pero todo este sencillo discurso respecto a la naturaleza del recuerdo y de la ensoñación del futuro es la introduccion para hacer una regresión en los dos meses que se fueron, desde la increible muerte de una mujer de 20 años en un metro cuadrado, pasando por la muestra de ropas tipicas del altiplano hasta el casi inminete desaparición de la manzana verde en San Blas y el nuevo cortometraje.


Cuando la casa de Huaynacapaq se elebó sobre una nube naranja con todos sus los caballos de barro y sus pájaros de metal, me quedé sentado en la ventana mirando a las orugas transformarse en veloses mariposas de papel mientras diciembre, enero y febrero se hacian una bola de acero en la boca, dificil de disolver con la sola intensión. Me dormí embriagado de amigos y palabras, de tanta cerveza caliente y vino rancio, todos susurraban una canción de Andrés Calamaro la noche dejo caer la nube, me fui a la casa de Anthony, llevando todas esas cosas inutiles que uno suele acumular con el paso del tiempo, esas cosas que raras veces realmente nos útiles: sillas pintadas con rayas blancas, plantas que nos miran con esos ojos invisibles en la punta de sus ramas, los libros que casi nada o poco pueden decirte al final de cada pelea. Mesas de cuatro patas inutiles hasta para caerse. Ropa con sus kilos de recuerdos en caada bolsillo, en cada botón. Zapatos que no saben andar solos. Tazas que se rompen y jamás vuelven a ser las mismas. Lapiceros que ya se durmieron en sus propias cabezas, y millones de papeles que tienen palabras pegadas, palabras con heridas y con anteojos, palabras desnudas y huecas de tanto undirles la boca. Cargué todas esas cosas hasta la casa de mi amigo Anthony Velarde, el v caminador; no sin antes claro encerrartodas mis cosas inutiles en cajas para que no pudieran escapar en un buen tiempo. Fueron treinta y dos cajas que moví con ayuda de Stella, la chica dark, y el mismo Anthony que semanas antes me había confesado su poca disposición para cargar, lebantar, llebar, sacar y armar.
La noche nos ayudó con su discreción; llevamos todas las cajas junto con las plantas silenciosas, como organizadas hormigas a lo largo de cuatro cuadras y escaleras crueles, torturantes que daban al tercer piso de la casa de Anthony, lo que sería mi nueva casa por algo más de dos meses.


Autor: Braddy Romero | Fecha: 18/06/2008


EL INCA GARCILASO Y GABRIEL EL QUECHUA

A CONTINUACIÓN UN TEXTO ESCRITO POR GABRIEL ROZAS A PROPOSITO DEL DÍA DEL IDIOMA; SOBRE UN MESTIZO QUE ERA, ES Y SERÁ MÁS QUE SU CRÓNICA REAL DE LOS INCAS.
GRACIAS GABO POR EL TEXTO, !!

23 de Abril día del Inca Gracilaso:

Aun si nuestro insigne cusqueño no habría escrito los “Comentarios Reales” o sus otras obras históricas por las cuales goza de justa fama, él siempre estaría inmortalizado en la literatura universal por ser el mejor traductor de ese clásico renacentista: “Los Diálogos de Amor” escrita a inicios de 1500 por Yehuda Abrabanel, judío sefardí mejor conocido por su nombre latinizado de León Hebreo, obra que sirvió de inspiración a tantas lumbreras de su época por medio de esta traducción, que ni el propio Cervantes pudo evitar mencionar en su libro de aventuras del caballero andante.

Aquí la traducción adquiere un nuevo significado que va mas allá de la simple traspolacion de palabras de un idioma a otro, por que el Inca Garcilaso imprime también en su copia el gran espíritu que anida en el libro original, logro inicial de Abrabanel, y que consecuentemente le sirve a ambas obras para ir mas allá de su tiempo. El otro merito esta en la correcta utilización del idioma castellano, hecho admirable entre otros por don Marcelino Meléndez y Pelayo, el gran erudito del español siempre tan poco indulgente con nuestro paisano, pero que no duda en elogiar la “belleza y gallardía de la prosa, que tanto contrasta con el desaliño del texto italiano”, idioma original de la obra de la cual se tradujo, como dijo el propio Garcilaso utilizando: “dos lenguas ajenas a su lengua original, el quechua”.

En ambos logros no solo se observa la gran erudición del Inca, sino también su cultura humanista, base sobre la cual logra entender una obra de enorme significado filosófico, para así poder explicar correctamente el mensaje que guarda la obra de León Hebreo, inscrita en el mundo de la tradición hermenéutica, conocimiento reservado del mundo antiguo, de sus dioses de origen pagano y de la supervivencia de sus cultos integrados en muchos casos en la cultura oficial, entendimiento que para el Inca habría significado la mejor forma de encontrar o aceptar su propia raíz mestiza, plagada de recuerdos de divinidades andinas que en un principio no conciliaban con el mundo en que se desenvolvía, pero que bajo este nuevo conocimiento se integraban a la perfección. Un claro ejemplo de este aprendizaje esta en la concepción de su escudo de armas que aparece en las primeras paginas de sus “Comentarios reales” este, dividido en dos lleva a un lado las armas heredadas por su rama paterna, escudos de linajes guerreros que podían ser transmitidos generacionalmente, mientras que en el lado que le correspondía a su madre coloca los símbolos mas importantes que sin duda pertenecieron a los Incas, como el Sol, la Luna, el Arco iris, de cuyo centro pende el Llauto o borla imperial que era la insignia oficial del inca, y las dos serpiente erguidas de cuyas bocas brota el arco celeste que es la parte mas resaltante del escudo y que representa propiamente a la casta de los incas como consignan varios cronistas. Con este escudo se inicia la lectura adecuada de su obra, ya que es como una advertencia inicial al modo de las obras medievales, el símbolo o llave para entender correctamente un determinado libro, en este escudo de armas también aparece el famoso lema que repartido en el lado paterno dice: “Con la espada” que según la hermenéutica puede también representar a la lengua (la elocuencia) ese órgano que aun por pequeño puede causar tantos estragos como la peor de las armas filosas, mientras que al lado ya propiamente inca dice: “Y con la pluma” que siempre sea interpretado como un referente directo a su afición literaria, pero que de acuerdo a las múltiples lecturas que Garcilaso otorga a su escudo también puede ser entendido como la pluma del Qoriqente que era llevada sobre la mascaipacha, además de invocar a la prudencia por que la pluma así como las serpientes en conjunto son una alusión directa al Dios de la Elocuencia y de la Prudencia: Hermes, en cuyo cetro el caduceo están enroladas dos serpientes, dios mensajero entre los dioses, de allí la pluma, por que en otras representaciones estaba alado; así el Inca incluye en su propio escudo otros significados distintos al que podía encontrar la mayoría, e invoca al Dios Mercurio, para proteger su obra y que así sea entendida como un alegato de elocuencia y prudencia, advertencia que siendo un elemento clave para entender esta obra era obviada en las múltiples ediciones, sobre todo después de la independencia por que algunos entendidos consideraban que este símbolo era una invención de Garcilaso para reafirmar su noble origen, además que la frase correspondía a su famoso tío el poeta.

Así los libros dedicados al nuevo mundo que escribió años después de esa traducción, adquieren una nueva dimensión por que no son el producto exclusivo de un espíritu atormentado por la indiferencia a sus pretensiones en la corte española; igual que la consideración a la historia de su prole materna se debe en general a la estima del Inca Garcilaso por el hombre en general, esa visión del incario como un arquetipo de sociedad es en realidad la visión armónica del hombre del renacimiento que él encarno con su obra, en un mundo gobernado por la intolerancia y el autoritarismo.

El Inca Gracilazo murió en Córdova España el 23 de abril de 1616. Unos años antes compro una capilla para ser enterrado donde mando esculpir su escudo de armas. La mitad de sus cenizas fueron traídas por el actual Rey Juan Carlos y reposan en el Templo del Triunfo a un costado de la Catedral.


Autor: Braddy Romero | Fecha: 26/04/2008


A VEINTE DIAS DE HUAYNACAPAC I
Hace 20 horas sabía por dónde empezar a hablar de mi habitación verde. Dos años atrás sabía dónde detenerme para ver bien las ventanas de la habitación. Hace dos semanas el flujo pesado del alcohol no deja de presionar mis parietales mientras Andrés Calamaro está endurecido viendo el muro blanco del Estadio Azteca; yo también estoy duro, pero el muro que veo es de color verde.
Ya son tres semanas desde que perdí el sentido de orientación, y no hago más que perseguir mi cola, pelear con mi sombra, hablar con las tazas, con las fotos, llorar sin mover un solo músculo de la cara, sin derramar un solo átomo de sal, doy vueltas a las esquinas para que las ideas perversas no me abracen.
El cuartito verde, como el cuartito Azul de aquel viejo tango, se ha quedado con las ventanas abiertas, como un cadáver que nadie quiere cerrar sus ojos; hoy quería hacer un ensayo de memoria, para encontrar entre el laberinto de las palabras la punta del hilo que me llevará al encuentro de Ariadna y la salida; antes que el minotauro me envista.
HABÍA una casa donde la arena se quedaba cuando los marineros iban y venían para recoger sus redes y sus cuchillos, era un lugar dónde el agua emanaba de las tazas de sólo pensarla, y la sal, siempre la sal, caía de tanto en tanto para secar las plantas y también de tanto las plantas brotaban flores. El suelo se hacía de caramelo para mirarse los pies y gritar de miedo cuando los ratones cruzaban las tardes. En esa habitación también tenía un caballo de arcilla con un collar de palabras que siempre miraba el piso desde la ventana, sé que deseaba volar, más que saltar, hasta que llegó el día que decidió saltar, se hizo pedazos entre los gritos de las plantas. Cuando lo miré en cientos de pedacitos, yo también me uní al llanto de las plantas. Si, es posible que las plantas no lloren y menos un hombre de treinta años cuando ve un caballo de arcilla destrozado, pero es más improbable que un hombre de arcilla lloré por un caballo de carne destrozado sobre la hierba. Aún pienso en aquel caballo cuando miro las ventanas de la ciudad con cortinas de color púrpura; entonces pienso que me hace mucho bien el que la gente no tenga el mal gusto de poner cortinas púrpura en sus ventanas
Hace dos años, cuando la habitación verde no era más que un almacén de desperdicios y polvo. Había una mujer de nombre inventado, esa mujer estaba cansada de ver como el tiempo se llevaba todos sus sombreros y sus vestidos, hasta que no pudo más y lloró abrazándome como sólo se abraza a los árboles, yo nada pude hacer más que recoger esas gotas calientes que rodaban bajo el sol de febrero, hasta que Einar saltó sobre nuestra tristeza y nos invitó a compartir su paredes, su perro, su viejo wolswagen amarillo, la dinamita que lleva en el pecho y todos esas cosas que van y vienen entre las mesas y los vasos. Entonces Milú, la mujer del nombre inventado abrió sus ojos y todo se hizo verde y así se quedaron las paredes hasta el último día que dejé de pertenecer a esos metros cuadrados. Milú dejó la habitación verde para convertirse en decenas de cartas y fotos en los muros; yo me quedé paseando durante muchos meses más las paredes verdes, sin saber dónde empezaba el piso y dónde terminaba la puerta, con la ligera idea de saltar por la ventana. Milú colgó en el techo un mundo dentro de un frasco de mermelada, para no olvidar que el mundo era una sencilla pelota fácil de encerrar y colgar, y sobre todo, que los chocolates suizos y la poesía peruana iban muy bien cuando tomábamos un poco de vodka.
Más tarde las sombras de las paredes se fueron cayendo, la noche hizo que la luna se quedará siempre entre las sábanas y el límite de las ventanas, y así sería hasta que una fiebre inexplicable anidó en el centro de mi cuerpo. Que noche aquella! flotaba en cuarenta grados hervía en todas mis falanges y ligamentos. Y bajo el influjo de la luz de la luna junto a la fiebre imaginé que alguien tocaba la puerta gritando “gato”
Autor: Braddy Romero | Fecha: 10/03/2008


A VEINTE DIAS DE HUAYNACAPAC II
La habitación verde una mañana - o quizás era de noche- se inundó, y todo por culpa mía, mi frágil memoria y esa ingenuidad que caracteriza a los que usan cabello largo me hizo dragar huecos en las paredes uscando un vestido blanco, alguien a quien yo solía mirar con miedo a quemarme, me contó que en las paredes de mi habitación estaba escondido las partes de un vestido blanco junto con la espada de un capitán, me fascino la idea del capitán y el vestido blanco. Hice tantos huecos en los muros y el techo que la luz de la luna entraba cuando quería dándome esas fiebres en las que imaginaba cosas, pero lo peor llegó cuando dentro de los muros en vez del vestido y charreteras de capitán encontré una horrible sonrisa negra que se burló de mi casa agujereada y del agua salada que emanaba de mis botones, de mi camisa entera. Ahora esa historia de vestidos y capitanes, ya no me las creo como antes, en fin, hay más historias en que creer pienso, cuando recuerdo esa sonrisa oscura que de cuando en cuando me oscurece a mi también.
Pienso que la habitación verde me dejó ir sin siquiera darle el beso que un enamorado triste le hace a las cartas aéreas. No sé si la casa me dejó o yo la dejé, si me fui realmente o si sólo estoy soñando. Luego aprendí a vivir entra las fiebres y los huecos del techo, hasta que una mañana del techo cayó una verdadera gata con ojos de color celeste, a aquella gata le encantaba leer capítulos enteros del Principito, una y otra vez repetía las palabras hasta que se quedaba dormida, y me acompañó con su olor a té de flores durante mis pesadillas. Hasta que la locura me hizo quemar al gato y su flauta, no aguantaba la vergüenza que me provocaba esa sonrisa oscura que a veces aparecía en las paredes verdes. En mi arrebato fabriqué cuchillos de papel para cortar las plantas, hacía pájaros de papel que tomaban vida y paseaban en la habitación, en cuanto uno de ellos moría de hambre, hacía otro, así hasta que no quedó espacio en el suelo que no estuviera cubierto con cadáveres de pájaros de papel. Tengo que contarles a manera de advertencia algunas signos de la locura, por ejemplo, que la locura crece siempre hacia el lado más frágil de los afectos y le sale brazos por el lado más hábil y perverso, luego también le crecen piernas fuertes para que nadie pueda alcanzarla y así se pierde tras los cerros bailando y derramando las hojas de los árboles, hasta sabe como sonreír sin delatar la amargura. Bueno para terminar, mi locura me hizo escuchar música de piano entre las paredes verdes, los agujeros y las fiebres de la luna, bailaba con los ojos cerrados entre los cadáveres de los pájaros de papel viendo como la habitación se hacía más estrecha de tantas sombras; luego las horas hicieron su parte, la locura se calzó en toda mi sencilla humanidad y me hice un vestido blanco que a veces lo hago bailar hasta que la memoria me devuelva la fiebre o sencillamente la cordura, lo que llegué primero o lo que olvide primero o sencillamente lo que desaparezca primero.
La habitación verde a veces viene a mi memoria, con todas esas cosas que se fueron acumulando en dos años, y las sonrisas de mis amigos llegan como el río a mis pies, todas esas noches alegres a veces escapan de la vieja habitación para lavarme la cara cuando me oscurezco, docenas de fotos se caen de mis pantalones y en todas tengo una sonrisa más poderosa que el olvido y la perdida de memoria, mi habitación verde se quedó con mis zapatos y mi nombre entero, yo me quedé en su corazón, en cada rincón, disperso y alegre de estar adentro y afuera al mismo tiempo.


Autor: Braddy Romero | Fecha: 10/03/2008


AÑO NUEVO Y LOS AMIGOS
El año nuevo y sus ritos, una mano herida, una mascara que ayuda a no estar, abrazos que van y vienen, caballos de madera que van y vienen en la memoria, una carrera solitaria antes de empezar el año, el cuerpo como convertido en un vaso vacío, la mente en una manzana sin gusano, los fuegos artificiales que revientan adentro en la ingle pura, como diría Vallejo. Champagne, pisco, cerveza, vodka, red bull, cocaína y algunos cigarrillos de tabaco infame, todo mezclado con el sudor y el grito desesperado del nuevo año en la cabeza con olor a pólvora. Los amigos de siempre, los amigos nuevos, las conversaciones atropelladas y sin sentido, y la cabeza siempre flotando en algún caballo de madera, la música del piano a la distancia y el Ukuku que rompió la noche y eso que hasta ahora me ha venido como nombre.
Autor: Braddy Romero | Fecha: 19/01/2008


DIBUJOS Y FANTASMAS
La ilustraciones para el cuento CATALINA Y LA UNK’UÑA MAGICA las trabajé en horario de enfermera, esto quiere decir de ocho de la mañana a ocho de la noche con descansos para almorzar y beber algo. No Estaba muy convencido de participar en el concurso, pero sentí que era una cuestión personal hacerle las ilustraciones al cuento que había narrado. Las imágenes estaban flotando en mi mente todos los días, sentía que era un deber hacer esas ilustraciones; Dibujaba y pintaba como enajenado, En aquellos días Catherine ya había dejado la casa, pero solía venir para almorzar, en los intermedios de mi trabajo. Nunca había trabajado acrílico sobre cartulina, tenía algunos problemas técnicos, que luego fueron fáciles de sobrellevar. En esas semanas estaba imbuido en el montaje de la galería en San Blas; también re-editando una relación que no caminaba como debía. Ella llegaba con una lágrima en la cartera, yo miraba por la ventana las nubes en forma de conejos, tratando de no saltar. Dos semanas de bosquejar, pintar y dibujar que al final me dieron un par de lecciones, primero que todo esfuerzo que va más allá las posibilidades es siempre gratificante, pase lo que pase, cual fuere el resultado, el ejercicio de hacer lo imposible posible, y segundo, cuando la pasión de tu trabajo se impone, a veces tu vida personal se queda a medio camino, ya que todo tiene su precio, y el precio muchas veces es la infinita he inagotable soledad.
Autor: Braddy Romero | Fecha: 19/01/2008


CATALINA Y LA UNK’UÑA MAGICA
La idea nació una tarde de lunes o quizás de viernes, no recuerdo exactamente,
Con Iñakapalla andábamos camino a la parte final de una historia y en el inicio de otra, la primera, una historia personal y la segunda, una historia para niños, exactamente para niños de las zonas alto andinas,. Esa tarde imaginamos entre tantas cosas, un telar mágico, del cual emanarían animales míticos, pero con el pasar de las horas esa idea no caminaba, era muy estática, muy formal, demasiado obligada, sencillamente no era. Hasta que de repente nació la idea de un tejido, no sabíamos que exactamente, luego apareció una niña, un perro, por que los perros siempre están en las historias de aventuras, una casa en mitad de los cerros, la abuela de la niña, un padre que trabaja desde muy temprano en la chacra. Con esos datos generales imaginamos algunos argumentos que no recuerdo, imagino que no serían muy buenos, pero tengo que confesar que mi memoria se deteriora con el pasar de las semanas, es posible que no recuerde algunos algunas cosas.
Estuvimos viendo el vació por un cuarto de hora hasta que salió la idea de hacer que del tejido salieran animales cotidianos, animales que a veces los retratan en los tejidos, y que mejor si salían de una Unk’uña. La niña tendría que sufrir una suerte de sueño o viaje con la Unk’uña. Hasta ahí todo estaba perfecto. Unos minutos más y decidimos que los seres mitológicos entrarían como personajes que irían conduciendo a la niña hasta el final de su viaje fantástico. Hicimos una especie de superestructura, ordenando en orden de importancia a algunos dioses andinos, comenzamos con la tierra, con la laguna, las rocas, la oscuridad; y sin habérnoslo propuesto, caímos en cuenta que todos los personajes eran femeninos, al final decidimos que la niña debía de tener un encuentro con el símbolo de la sabiduría, con una representación divina al final: masculina, el Mallqui. Luego retornamos a ver que animales serían propicios que saliesen del tejido, enumeramos algunos, decidimos por los más importantes, luego algunas deidades, las más importantes para la religión andina. Ambos estuvimos en acuerdo para el nombre de la niña. Y mientras armábamos la historia yo tenía presente siempre en cabeza la imagen de mi hija.
Luego de haber escogido a los personajes, el nombre de la niña, la posible estructura del cuento, nos detuvimos, Iña, decidió que de ahí para adelante tendría que ir sólo, me sorprendió esa decisión, después de todo, sólo faltaba narrar, y evitar escribir más de mil palabras, por que ese era el límite de palabras para construir el cuento. Ella se fue, sería el último trabajo que haríamos juntos. Los días que siguieron me dediqué a narrar la historia que no es muy complicada, es una sucesión de hechos que desembocan en un sueño. Faltó muy poco para que no entregase el cuento al concurso, no me sentía muy satisfecho con el resultado y con las circunstancias en la que se terminó de escribir. No imaginaba que el cuento sería seleccionado, la noticia la recibí a la hora del almuerzo junto a Catherine, reprimí cualquier recuerdo, intenté sonreír con naturalidad, algo estaba pasando alrededor de ese cuento, lo presentía, pero nunca imaginé que más tarde CATALINA Y LA UNK’UÑA MAGICA, sería una razón más para seguir perdiendo personas. Dicen que la imaginación es defectuosa en los que no sabemos ver la realidad.
En la foto con mi familia el dia de la premiación.
Para leer el cuento ingresen a http://www.acupari.com/index_es.html.
Autor: Braddy Romero | Fecha: 16/01/2008


MANzANA VERDE EN SAN BLAS I
En diciembre, antes de terminar el año del 2007, se inauguró MANZANA VERDE en San Blas. En aquellos días las cosas no iban muy bien, ustedes saben, cuando está uno envuelto en proyectos, los problemas materiales y sentimentales se hacen más pesados, menos llevaderos, más incisivos; y es ahí dónde aparecen las personas que realmente están comprometidos con la amistad. Amarraba literalmente el tiempo para que pudiera estructurar la galería, entre la iluminación, el color de los muros, el piso y demás detalles que se comen el tiempo junto con la poca paciencia. Un mes que tuve que comprimir en una semana para que la angustia no se sintiera. Con Hugo Tupayachi armamos el cableado y los colgantes de los carriles para los dicroicos, jugando de tanto en tanto con la imaginación, peleando siempre con la realidad. En esas semanas de desasosiego Hugo fue también quien estuvo a mi lado, animándome a ver las cosas por el reverso de la moneda; también de ves en cuando aparecían los amigos de siempre. Una tarde Hugo me vio temblar con una caja de recuerdos molidos a fuerza de ira y frustración, me animó a dejar en su sitio un delicado cuchillo que nunca supe para que había puesto en el bolsillo de la bolsa, pero esa es otra historia; lo bueno es que estuve acompañado, había un buen amigo a mi lado escuchando y viendo los trastornos que provocan la razón, Hugo en la grandeza de su sencillez me contó una historia que hablaba de recuerdos, pozos y esperanzas, aprendí luego a votar los recuerdos al río, todos amarrados a una gran soga de color, para que nunca más volviesen. Luego concentré mis sentidos en la galería, al final de las paredes y el color, luego de los cables y las luces que con mucha paciencia escogimos con Gabriel Rosas, nos quedo el tapizón que el buen Carlos armó con esmero y sin descanso, al final de la jornada el hombre estaba atontado, y no es metáfora, el hombre quedó tan drogado que no sabía lo que estaba haciendo, tuve que ordenarle que se tomara algunos minutos fuera de la galería, ya que horas antes se había negado a hacerlo, por que ya estaba haciendo tonterías con el tapizón. Carlos estuvo más de siete horas respirando pegamento en ambiente cerrado en un día de sol intenso.
Autor: Braddy Romero | Fecha: 12/01/2008


MANZANA VERDE EN SAN BLAS II

La noche de la inauguración estaba medio adormecido en la serenidad que había adquirido la semana pasada. Nunca experimente la sensación de plenitud, de tristeza dulce como aquella noche de inauguración. Los amigos llegaron, las botellas de vino tinto también, las copas para el champagne, los perfumes, los olores sencillos, los colores, sonrisas mezcladas entre el barullo de las conversaciones, el vino, las preguntas a medio hacer, respuestas que se atropellaban, risas y felicitaciones flotaban en el ambiente, y yo con esa especie de burbuja en la que me había instalado, sin querer comprometerme del todo con lo que ahí pasaba, mis diálogos interiores se armaban con preguntas como “¿dónde están esas personas con las que compartí esta idea?” “ se que alguien falta, cual de ellas, cual de ellos” sonreír y dejar que la horas se disuelvan en los vasos de vino y los cigarrillos, eso era todo pensaba. Luego terminamos en el bar de Walter, las mesas se dividieron ente los amigos de siempre, de barrio, de poesía, de alcohol y los que la vida va poniendo en el camino, y quedé sin quererlo en mitad de los dos grupos, mirándolos, tratando de no enlazar mucho con ninguno de los dos grupos, para no parcializarme, me fui a la barra para servir las copas de pisco suor que Walter también ponía esa noche. Los atendí, sonreía y los gracia flotaban en el ambiente, ninguno lo suficientemente fuerte para romper mi burbuja. Luego del pisco, cada grupo pidió lo que tenía que pedir par seguir celebrando. El aire se me acababa, estaba feliz y terriblemente triste, pero sin razón alguna, como siempre.
Autor: Braddy Romero | Fecha: 12/01/2008

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Fotos de pinturas: Manuel Vargas. Carolina Ojeda. Corrección de textos: Iñakapalla Chávez.

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