Fragmentos del Libro de Poesía

LLUVIA

Llueve y el asfalto siempre es distinto, fraccionado,
lo que no cambia,
es este corazón desportillado.

Llueve,
y ella me habla desde los techos
con voz de arcilla,
dice que mañana
tendré un nuevo presentimiento,
un ojo nuevo y húmedo.

Ella cae como su nombre
adentro, en el oído.
Se acumula, como se acumulan los días,
se ensucia, se seca, se hunde en la tierra.

Salgo de la calle para entrar en la mesa,
y el agua cae hasta la última letra,
hasta la última gota, una tras de otra
hundiéndose en sí misma.

CUANDO LA CAMA PIERDE
EL ÁNGULO PARA PENSAR


Ella llega con la noche en la sangre
y se come el nudo de mi garganta,
desliza su cuerpo por mi mente,
bordando su nombre en los espacios vacíos.

Domestica el silencio con las uñas y
mis abismos rebalsan de historias domésticas.

Cuando ella llega,
la cama pierde el límite material.
El ángulo para pensar se convierte en una trinchera,
improvisada por un beso improlongable,
donde el minuto herido
y los días gangrenados de segundos
mueren,
sepultándose en su astillado pecho.
Ella cierra los ojos y me piensa,
con los dedos y el aliento,

devora la gravedad.
El mundo se desprende del mundo,
la fruta vuelve al árbol, buscándose entre sus hojas
la sangre vuelve a ser hueso, aire, mineral.
Cuando ella llega, se come el nudo de mi garganta.

SUTURAS EN EL OCCIPITAL I

Deseo que alguien me pregunte:
¿De qué color quieres que escriba tu nombre?
¡Ahora, más que ayer!
¡Aquí! Lejos de allá,
sí, ¡ahora!
porque ahora señores,
tengo necesidades sísmicas
y me envejece el abandono
en su retrospectivo abrazo.

Deseo que ella me mire
y despliegue sus dedos líquidos
sobre mi arena y roca carne
para ya no dormir triste.

Quiero ser el personaje
de una novela sin nombre,
que se pierda antes de llegar
a la página quinientos dos.

Me gustaría saber
que cada momento me pertenece,
que cada idea mortal
incuba libre de arrepentimientos.

Quiero, también, ser de trapo,
con puntadas de aguja en los ojos,
pestañas de hilo púrpura y cabellos de lana.

Por ahora,
Voy a taparme los ojos
y creer ciegamente, que ya nadie me ve.

LO POCO QUE SÉ
A Carlos Gutiérrez V.

No sé qué podría hacer un elefante en mi taza,
mucho menos en mi plato

No sé qué hace una nube en mi habitación,
cuando afuera el sol pasea por las veredas y
se disuelve sobre los techos de zinc y barro,
bailando entre la fruta y el pescado.

No sé quién escribió o escribe aún nuestra vida,
tampoco sé, porque le dicen flor
a aquella fruta vestida de primavera,
o a esta tarde lenta: ocaso.
Lo que sí sé, es que te quiero amigo.

MIENTE

Miente que eres de papel y pájaros.
Yo nada voy a decirles al día y la noche.

Miente que eres de durazno y canela.
Yo nada voy a decirle a mi boca

Miente que esperabas, como espejo, como almohada
Yo nada voy a decirles a mis huesos.
Su médula

Disfrázate de constelación, de león azul.
Nadie sabrá que eres el gato que yo amo.

TRISTEZA
(Fragmento)

Los desayunos huelen siempre a despedida,
a canela y papel quemado.
Por eso, ahora voy a ser un niño entero
en la primera mitad del día,
adentro, en la taza de avena,
en el sabor menudo del pan,
en la ración de queso,
en el cuchillo y la oscura mermelada.
Voy a ser siempre un niño con los dientes insatisfechos,
triste de tanto sonreírle al perro, al abuelo, al viejo tendero.

Ensayos (Fragmento)

DIBUJOS, RESIDUOS, LA CIUDAD ENTERA.
(Lectura de presentación para una muestra de arte en la ciudad del Cusco.)

(...)Para hablar de las piezas en tres dimensiones no me siento muy convencido de utilizar la palabra escultura, pues mis propias definiciones de escultura quizás estén equivocadas, y yo ahora puedo estar cometiendo el sacrilegio de no percibirlas en esa dimensión, con estas previas disculpas, me doy la libertad de llamarlas objetos rituales . Primero por la manera en la que fue concebida cada una de ellas. El tiempo que el imaginero les dedicó, el material del que están hechas, y sobre todo, lo que provoca en nosotros al verlas. De primera impresión cada una de esas piezas parece ser una excrescencia, un cúmulo de desperdicios, pedazos de desmonte armoniosamente dispuesto sobre un pedestal; y esa primera impresión nos acompaña aun después de haber descubierto, la forma, la figura, aquello que nos salva del vació de no entender, y nos arrastra a imaginar, a pensar, a revisar cada centímetro. Volvemos a mirar y descubrimos que aquello que parecía un hombre sentado no era más que un pedazo de madera podrida, incrustada en cáscara de algo parecido a la naranja. Luego, que aquello que el personaje tenía como brazo, era un cierre abierto, una aguja, un alambre suelto y anudado, y unos centímetros más allá, la cabeza, es nada más que un tálamo seco, barnizado con chicha, arcilla y grasa animal. Hay otras piezas en las cuales nos vemos sorprendidos y (no exagero en esto), hasta quizás identificados frente a esos pedazos de arcilla con musgo con agua clara en el centro. Vemos todo, como a veces quisiéramos vernos. Miramos nuevamente, y ya no es uno mismo el reflejado, si no más bien, nos invade el deseo de estar en un espacio similar a ese, el cual nos pueda contener, un lugar para vivir cerca del agua, de la hierba, de la tierra, del color.

Estos objetos rituales, tienen un increíble parecido a la ciudad en la que el creador vive y transita a diario. Una ciudad hecha de desperdicios de maderas, de hierros oxidados, de barro, de vidrio, todo erigido al azar; caóticos en sus mezclas estilísticas. Pero por increíble que parezca, así se van haciendo ya hace muchos años la ciudad del Cusco y el país. Un lugar de casas apretadas, donde lo que uno piensa que es, nunca fue. Una ciudad donde el callejón no es más que la ruta alternativa para evitar al vecino o que simplemente quedo como la herida de una herencia no definida, un lugar donde las azoteas, no fueron entendidas para ver el sol, si no, mas bien se levantan para negar la luz entera con vidrios de color. Frente a estas agresiones, la búsqueda de espacios para contemplar, ya no es una necesidad, si no una terrible obligación moral con nuestra naturaleza. Nuestra ciudad se está transformando en un inmenso basurero y no sólo por los desperdicios materiales, también lo es por su arquitectura improvisada, por el pensamiento que la habita. El imaginero nos lo muestra con una honestidad patética, con una estética particular y única, “ pero no temamos, la muerte es así”, diría cesar vallejo si viera la ciudad en la que vivimos y las piezas rituales de Edwin Chávez; porque cada una de esas piezas como la ciudad misma están hechas de pequeñas muertes, de vida grande, de fuertes ganas para entender hacia dónde estamos yendo, para dónde nos dirigimos como sociedad y como individuos. En definitiva quizás podamos entender mucho más el trabajo del imaginero, desde sus propias palabras, cuando nos cuestiona reflexionando que “no es importante preguntarse si aquello que está frente a nosotros es arte, más bien, debemos preguntarnos, cómo cambia mi percepción del arte con aquello que tengo frente a mi”.

TEATRO.

DISEÑO.

Integrante de la casa de diseño: Orejones Arte y Punto.
Proyecto empresarial que reúne las Fotografía, Dibujo, pintura , Diseño e Historia.

ILUSTRACIONES.


Telefono: +51 84 9720385 | Braddy Art - 2005 - Cusco Perú - ©® (admin)

Créditos. Diseño, Base de datos: Carlos Rojas. Retrato ( b/n): Eainer Jiménez. Efecto de sonido: Manuel Vargas.
Fotos de pinturas: Manuel Vargas. Carolina Ojeda. Corrección de textos: Iñakapalla Chávez.

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